…sobre ángeles y demonios…

Siempre comenzar con algo implica una pregunta inevitable: ¿por dónde empezar?…Bueno, de alguna manera, el ensayo previo de la plantilla del blog y la imagen de prueba para el primer post abrían un sinfín de posibilidades…

Mientras revisaba mi PC buscando una imagen con la que poder probar las bondades de la plantilla seleccionada, me encontré con algunas imágenes de Pieter Bruegel, el pintor flamenco del siglo XVI autor de una de mis pinturas favoritas, ‘El triunfo de la muerte’. Lo que me resulta curioso es que no escogí dicha imagen, sino mas bien la arriba presente ‘Caída de los ángeles rebeldes’. La cuestión de dicha elección era simple para mí: desde hace ya bastante tiempo, vale decir, desde que decidí reivindicar mi en algún momento extraviado libre albedrío, una idea me asalta la conciencia. Dicha idea mas bien una interrogante ha venido latiendo incesantemente en mi interior como un tambor de guerra: ¿porqué decidir sobre dos verdades opuestas?¿porqué no tener una tercera versión?¿porqué esta tercera opción no puede formar parte de una gran familia de terceras opciones totalmente diversas, diferentes, enriquecedoras, infinitas? en pocas palabras ¿porqué debo creer, pensar, sentir o actuar como alguien más cree, piensa, siente o actúa?….No faltará quien esgrima el argumento de la conveniencia de un código moral para regir las relaciones entre los miembros de la sociedad (y por ende calificar de sociopática esta posición), de lo conveniente de establecer los límites entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo errado, lo justo y lo injusto, y así una infinita lista de opuestos entre los cuales el ser humano se encuentra casi obligado a desarrollar su existencia, pues, si observamos lo que nos rodea ‘con ojos de ver’, de una u otra forma llegaremos a la conclusión de que vivimos en medio de una casi absoluta bipolaridad (basta fijarnos simplemente en las últimas elecciones presidenciales en los EEUU). Ante una realidad tal, no puedo dejar de pensar en una frase de George Moore (filósofo británico con aportes importantes a la ética occidental); decía Moore que ‘lo difícil en la vida es la elección’. Moore le asignaba la responsabilidad de establecer las fronteras éticas del ser humano a una suerte de ‘intuición moral’; en medio de la carencia de opciones producto de la antes mencionada bipolaridad, dicha intuición ¿no llevaría al ser humano a preguntarse el porqué debe decidir solamente entre dos posiciones?, ante esta suerte de absolutismo bipolar ¿no podríamos pensar que disfrutamos de una libertad relativa?…Llegado este punto (y para evitar tanta dispersión), retomemos el hilo de la imagen. Al observar el drama, la violencia, la metamorfosis y demás detalles presentes en la escena de Bruegel, me es natural imaginar las escenas previas, por lo menos un par de ellas. La primera  bien podría llamarse ‘El reino feliz de los ángeles’. Un lugar común en todas las tradiciones religiosas que coinciden en la presencia de los ángeles (casi todas), es aquel donde son considerados como siervos incondicionales de la voluntad divina, por tanto, carentes de libertad (lo que los hace idóneos para ejercer de intermediarios), unidos indisolublemente a la voluntad de Dios, y por tanto actuando como un solo cuerpo, como una unidad. Sin duda, de lo único que estaban libres era de la necesidad de decidir por propia cuenta. Libertad de la cual ‘si’ disfruta el ser humano (al menos en teoría) y que según narran los misdrash habría sido motivo de polémica entre Dios y su ejército celeste, que en teoría estaba libre de generar esa clase de sacrílegas cuestiones. Aunque existe una diferencia substancial entre ser libre y estar libre de algo. Talvez la incapacidad de decidir, de asignar nuestros actos a la obediencia, nos sumerja en un espejismo de ‘libertad’ que nos libere de las consecuencias de nuestras acciones, o por lo menos de sus implicancias sicológicas, e inmediatamente la asociemos con la idea del castigo ante la falta, e inevitablemente con la aparición de un lugar para cumplir dichas condenas. La siguiente escena que se me viene a la mente, es la inmediatamente anterior a la expulsión y caída, atribuidas según la mitología al atrevimiento de querer ocupar el lugar de Dios. Es el momento en que se dividen los ángeles, en que un grupo de ellos rompe la unidad mediante un único acto de libertad: optar. No pretendo establecer un juicio moral sobre la posición de las facciones ni de tratar de urgar aquella ‘verdad’ milenaria que nos ha sido incrustada en el inconciente a lo largo de los siglos (ya habrá tiempo para tocar ese tema en alguna ocasión); en todo caso, si tuviese que nombrar la escena sería ‘La decisión de los ángeles’. Milton en el ‘Paraíso perdido’ plantea una idea diferente a la que considera la tradición: habría sido la búsqueda de la propia voluntad y la libertad (considerados como parte de la esencia divina que transmite Dios a sus creaturas), lo que habría precipitado la épica caída, lo que habría originado que los rebeldes mutasen de los seres celestiales, espirituales y perfectos que eran, a la colección de espantos que llenan la parte inferior del cuadro de Bruegel (basta mirar la escena), y terminasen apilados en el valle de fuego donde yacen caídos y derrotados abrasados por un rio ígneo según el poema miltoniano. Tan sólo la posibilidad de optar (negada a los ángeles) habría desencadenado semejante desenlace. Es obvio en donde se encontraba la dificultad de esa elección, en una literalmente eterna satanización. Cuando la conciencia se ve restringida a la bipolaridad, optar por el bando hasta ese momento considerado opuesto acarrea terribles conflictos morales, más aún en entornos donde la dialéctica malentendida ha dejado de ser un método de comprobación para pasar convertirse en un modo de vida, en donde los antagonistas están llamados a enfrentarse en un eterno conflicto tratando de someter el uno al otro, en donde la satanización es el arma preferida para desvirtuar al adversario, al que piensa diferente, al que se resiste a alinearse; donde la mismísima palabra ‘adversario’ adquiere rasgos maléficos (la tradición judeocristiana se nutre en este punto del mazdeísmo, de hecho etimológicamente ‘Satán’ equivale a ‘adversario’). Pero….¿por qué ha de existir un antagonismo destructivo? Está mas que demostrado que los polos que se ‘oponen’ en el universo no actúan de esa manera, sino en una suerte de ‘tensión dinámica’ donde dichos opuestos son complementarios, preservan el equilibrio, establecen zonas intermedias, estados de latencia, ojos de huracán, etc. No son como los opuestos irreconciliables que se enfrentan a muerte en el cuadro de Bruegel, sino que forman parte de una unidad llena de matices, infinita, donde la vida tiene un lugar para desarrollarse, para nacer, evolucionar y finalmente volver al inicio del ciclo vital muriendo. Paradójicamente, a pesar de la clara oposición temática, dicho contraste entre las facciones de la pintura actua como sucede con los opuestos universales, dando origen a un todo armónico, a una obra de indudable y unitaria belleza. Cabe mencionar, que la pintura se remonta al año 1562, en plena efervescencia de la Contrarreforma Católica durante Pablo IV, (época de grandes persecuciones y ejecuciones en nombre de la fé de grandes pensadores como por ejemplo Giordano Bruno). El óleo grafica claramente el entorno psicosocial de la época, en que se libraba una lucha sin cuartel, cruel y despiadada contra los opositores al dogma (por ambas partes). Una de las tantas e interminables épocas de bipolaridad de la humanidad. Para concluir con este post (talvez a estas alturas queden pocos leyéndolo, puede que se haya tornado caótico…), quería rematar con una cuestión: ¿porqué en lugar de decidir por la oscuridad o la luz, no nos decidimos por alguno de esos tantos lugares que pertenecen al alba o al ocaso, a esa inmensa y bella zona de penumbras donde todo puede suceder, donde todo sueño hermoso o cruel pesadilla tiene lugar para existir?…finalmente, tendremos la gran posibilidad, la responsabilidad y el orgullo de aceptar la consecuencia de nuestras propias decisiones tomadas en libertad…

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